| Dossier |
Observatorio familiar: un informe evalúa el coste de las rupturas familiares
Ideal, 26 de julio 2010. 27-07-2010 |
El Observatorio Familiar defiende los efectos positivos de la solidez conyugal
Granada Hoy, 25 de julio 2010. 25-07-2010 |
La familia sostenible
Marbella Express [y remitido], 23 de julio 2010. 25-07-2010 |
El matrimonio estable y la familia sostenible
C. Ferrer - Diario de Yucatán (México), 16 de julio 2010. 18-07-2010 |
La familia y la prevención en conductas de riesgo
Ana Aznar - Hacer Familia, julio-agosto 2010. 12-07-2010 | | Noticias |
El 70% de los menores de 25 años no conduce después de haber consumido bebidas alcohólicas
Jaime Rodríguez - Colpisa, 29 de julio 2010. 29-07-2010 |
La generación de abuelos activos
Alexandra Moledo - La Opinión, 27 de julio 2010. 28-07-2010 |
La Fiscalía ve "preocupante" el aumento de menores que maltratan a sus padres
Europa Press, 27 de julio 2010. 28-07-2010 |
Contra la ansiedad, amor de madre
Anna Grau - ABC, 28 de julio 2010. 28-07-2010 |
Cuando el parto es un riesgo mortal
Joana Socías - El Mundo, 26 de julio 2010. 28-07-2010 | | Estudios |
Libro de datos sobre menores en EE UU 2010
Annie E. Casey Foundation, julio 2010. 28-07-2010 |
El trabajo del hombre en el hogar y el divorcio
Wendy Sigle-Rushton - Feminist Economics, abril 2010. 27-07-2010 |
Relaciones entre matrimonio y consumo
Alex Roberts - Institute for American Values, febrero 2010. 25-07-2010 |
El divorcio en la Unión Europea
Instituto de Política Familiar, junio 2010. 25-07-2010 |
Las políticas de conciliación en España y sus efectos
P. Gracia y D. Bellani - Fundación Alternativas, julio 2010. 22-07-2010 |
| | Opiniones | |
 | Punset defiende que “hay que educar a los niños para que encuentren sentido y pasión en sus vidas”. |
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"Los padres no deben precipitar la pérdida de la inocencia de los hijos"
La Rioja, 1 de febrero 2010.
01-02-2010

Licenciada en Filosofía y Letras y Master en Humanidades por la Universidad de Oxford, en Inglaterra y Master de Periodismo por la Universidad Autónoma de Madrid, Elsa Punset tiene una extensa biografía. Colabora habitualmente en distintos medios de comunicación e imparte conferencias y talleres sobre inteligencia emocional en diversos ámbitos, sociales y educativos. Premio Pilates 2009 por su aportación al mundo de la cultura. Es, además, autora de ‘Brújula para Navegantes Emocionales’ (Aguilar, 2008) e ‘Inocencia Radical’ (Aguilar, 2009), un ensayo sobre el impacto de las emociones en la vida diaria. | Fundamentalmente se considera... Una persona más, en busca de sentido y de comprensión. Alguien que no ha renunciado a vivir los procesos de transformación que caracterizan todas las formas de vida. Una persona que, como tantas otras, quisiera, al final de su existencia, haber podido contribuir a esta misteriosa vida con un poco de luz, de compasión, de comprensión, de valentía.
¿Qué le decidió a internarse en el mundo de las emociones? Vengo de un mundo muy académico, y aunque me gustaba la coherencia y la precisión de ese mundo, eché en falta que las ideas que allí se fraguaban pudieran cambiar de verdad, y a mejor, la vida de las personas. Quería contestar preguntas importantes desde la realidad, que es donde importan de verdad. Lo demás son construcciones mentales, juegos intelectuales que no ayudan, no alivian el dolor de las personas, su sensación de fragilidad. Frente a la desmotivación, a los abusos, a la pasividad, a la demagogia, al cinismo, se puede aportar algo verdadero, principios claros y herramientas útiles que ayudan a las personas a vivir mejor y a dar lo mejor de sí.
De su primer libro, ‘Brújula para Navegantes Emocionales’, se ha dicho que es uno de los mejores libros de divulgación científica y de autoayuda. ¿Usted lo ve así? Necesitamos etiquetar para comprender rápidamente y asignar a cada cosa su lugar. Pero no siempre es conveniente ni posible etiquetar. Yo siempre he dicho que tan bien me parece que ‘Brújul’a se considere un ensayo de divulgación científica, por su rigor, como un libro de auto-ayuda, por su capacidad de llegar al corazón de algunos lectores. Yo siempre he defendido que la auto-ayuda, si es de calidad, es no sólo respetable, sino necesaria, porque ofrece una herramienta útil. En este sentido, ’Brújula’ se dirige al lector de forma directa, apelando no sólo a su intelecto sino a sus emociones, sino a su capacidad de comprender y transformar.
¿Qué es la inteligencia emocional? La inteligencia emocional refleja una realidad que no teníamos clara hace 10 o 15 años, y es la simbiosis entre la emoción y la razón. Tenemos un cerebro emocional, y esto significa que cada pensamiento racional tiene, en su arranque, una emoción. No podemos vivir al margen de las emociones, son una fuerza omnipresente en cada momento. Si no conocemos, comprendemos y sabemos gestionar esas emociones, somos presas de grandes patrones emocionales que se han formado en la infancia, de forma más o menos inconsciente, y que te atrapan en un lugar inmaduro y instintivo.
En su segundo libro, Inocencia radical, conjugó experiencias de científicos, psiquiatras, psicólogos e incluso poetas con hechos habituales. ¿Es una sus pretensiones demostrar que la ciencia y lo cotidiano no están reñidos? La ciencia es el descubrimiento de lo cotidiano, del porqué de lo cotidiano. En este sentido, el conocimiento científico debería estar más cerca de las personas, porque puede aportarnos respuestas. Tenemos que acercar la ciencia a la vida diaria, y para ello nos están ayudando los científicos. La vida asusta, es un camino que recorremos a tientas. La ciencia nos recuerda que no podemos inventar certezas, sino que hay que asumir grandes parcelas de misterio. Hay que reconciliarse con ese misterio, no intentar solventarlo a base de dogmas y creencias trasnochadas. Pero tampoco hay que renunciar a soñar, a jugar con el misterio.
Sostiene que estamos programados para sobrevivir. Eso puede parecer contradictorio con la idea inicial de su segundo libro de que nacemos inocentes. Pero no lo es. Efectivamente, estos dos aspectos viven simultáneamente en la caja negra de nuestro cerebro; está el cerebro, que quiere sobrevivir, presa de mecanismos innatos que le llevan a huir o a agredir si se siente amenazado; pero este cerebro también nace con un potencial para ponerse en la piel de los demás y expresar afectividad. Es el entorno el que decide si este equilibrio se inclina hacia la parte instintiva y asustada o hacia la parte más generosa y abierta al mundo, con la que también nacemos, que quiere amar y descubrir.
También ha afirmado que los tres primeros años en la vida de un niño son muy importantes tanto a nivel de aprendizajes como de desarrollo emocional. ¿Puede dar algún consejo a los padres? La labor de los padres no debería contribuir a precipitar la pérdida de la inocencia -es decir, la curiosidad y la capacidad de amar- del hijo, aunque muchos sin querer lo hacen porque sobreprotegen en lo físico y abandonan en lo emocional. Los padres deberían ayudar al hijo a encajar su individualidad en el mundo exterior. En esa negociación entre el individuo y la sociedad, se pierde mucha gente. No nos educan para ser padres. Por eso se perpetúan en las familias los rasgos buenos y malos a través de las generaciones, porque inconscientemente sentimos una profunda lealtad por las vidas de nuestros padres. Alejarse de sus mandatos es doloroso. Pero si ellos han sabido transmitirte amor incondicional -respeto por quién eres- y herramientas para salir al mundo y dar lo mejor que puedes, entonces, con esas raíces y alas, sales adelante, tarde o temprano.
También dice que nuestros mapas de aprendizajes emocionales se puede modificar. ¿Es así? Sabemos ahora que, contrariamente a lo que se había afirmado hasta hace muy poco, el cerebro es plástico- susceptible de cambiar, de reorganizarse, de adaptarse, de aprender y desaprender. Uno de los hitos que mostró hasta qué punto nuestro cerebro es flexible fue el experimento de los taxistas de Londres, en el año 2000: los más experimentados tienen el hipocampo, la parte del cerebro dedicada a las relaciones espaciales, hasta un 25% más desarrollada que las demás personas, porque utilizan esta parte del cerebro constantemente. Existen muchos ejemplos contundentes de la plasticidad cerebral. Eso es un descubrimiento impresionante, porque muestra que podemos cambiar, reeducar, gestionar. El gran reto de los próximos años con el aprendizaje emocional y social será desarrollar instrumentos de reeducación o gestión emocional eficaces.
¿Caminamos, de no haber cambios, hacia 'generaciones NI NI'? No podemos educar a un niño simplemente alfabetizándolo en el sentido de hace 100 años: que sepa leer y escribir, que sobreviva físicamente. Tenemos que educarles para que puedan encontrar sentido y pasión en sus vidas, ese es el cometido de cualquier educación, ayudarles a crecer y a plasmar sus sueños, sus objetivos, a encajar su individualidad en el mundo exterior, con respeto. Los niños, decía la psiquiatra Elizabeth Kubler-Ross, tienen que aprender desde pequeños a decidir entre el miedo y el amor. Para ello, tenemos dos herramientas decisivas: el entorno y la educación.
Desvele algún buen recuerdo de su escolarización. ¿Un buen recuerdo de la escuela? La verdad, no puedo explayarme demasiado en ese sentido. Durante mi infancia, la escuela me parecía triste y aburrida, autoritaria, poco creativa, sin sentido. Durante años, pensé que tenía que ir a la escuela para ocupar las horas del día. Creía que había que “colocar” a los niños para que los padres pudiesen trabajar. ¡Ni se me ocurría que aquello le pudiese parecer útil a nadie! Sabía que aprendía más en casa con mis libros, escribiendo y pensando, que con las horas muertas en clase, desmotivada y esperando con impaciencia ser mayor para poder vivir con libertad.
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