Dossier
El desempleo juvenil en tiempo de crisis
The Family Watch, 1 de febrero 2012.
01-02-2012
Profesionales españoles que huyen de la crisis europea cuentan porqué llegan a Chile buscando trabajo
C. Muñoz y J. Mazzucco - Segunda Página, 27 de enero 2012.
28-01-2012
El paro juvenil dura toda la vida
José Carlos Rodríguez - El Imparcial, 26 de enero 2012.
27-01-2012
Uno de cada cuatro jóvenes está sobrecualificado
Público, 26 de enero 2012.
26-01-2012
Los jóvenes afectados por la crisis padecerán sus secuelas toda su vida
Celeste López - La Vanguardia, 26 de enero 2011.
26-01-2012
Alemania, un modelo para combatir el paro juvenil
Mariana Herrero - ARN Digital, 26 de enero 2012.
26-01-2012
Noticias
Un estudio constata igualdad en la preocupación por el conflicto entre familia y trabajo
El Mundo, 2 de febrero 2012.
02-02-2012
Siete de cada 10 estudiantes universitarios creen que el sexo no influye para ser jefe
Europa Press, 2 de febrero 2012.
02-02-2012
El duelo en los niños
Rebeca Recio - El Confidencial, 2 de febrero 2012.
02-02-2012
La mitad de los padres cree no jugar suficiente con sus hijos
Europa Press, 2 de febrero 2012.
02-02-2012
Cientos de familias en paro hacen frente al frío en la cola del Banco de Alimentos de Lugo
Lucía Rey - La Voz de Galicia, 2 de febrero 2012.
02-02-2012
El Gobierno revisará los impuestos que pagan las familias para aumentar los mínimos exentos de tributación
Europa Press, 1 de febrero 2012.
01-02-2012
Estudios
Efectos del divorcio en los hijos
Marriage and Religion Research Institute, 11 enero 2012.
01-02-2012
Envejecimiento activo y solidaridad intergeneracional
Eurostat, diciembre 2011.
29-01-2012
Movimiento Natural de la Población e Indicadores Demográficos Básicos
Instituto Nacional de Estadística, 18 de enero 2012.
21-01-2012
Informe anual de tendencias familiares en EE UU
Family Research Council, febrero 2011.
21-01-2012
Consecuencias de la exclusión social causada por las rupturas familiares
IFFD, 18 de noviembre 2011.
14-01-2012
Políticas públicas y familia - Propuestas de actuación para los 100 primeros días de gobierno
Acción Familiar, noviembre 2011.
14-01-2012
Opiniones

Poner el dedo en la llaga de nuestra infertilidad supone cuestionar muchas cosas del discurso moral dominante.

 

O más hijos, o menos pensiones

Alejandro Macarrón Larumbe - Expansión, 8 de febrero 2010.

09-02-2010

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Agarrar el toro por los cuernos en el problema de las pensiones pasa por recortar drásticamente el ingente gasto público superfluo y por reformar lo que lastra nuestra competitividad y productividad (legislación laboral, sistema educativo, modelo energético, inseguridad jurídica…).

Pero también y sobre todo, por reconocer que el mal mayor de fondo en este asunto radica en nuestra escuálida fecundidad. Y que sólo si ésta repunta de forma sustancial podremos superarlo. Todo lo demás que se propone, como alargar la edad de jubilación, ampliar el período de cómputo de las cotizaciones, suprimir las prejubilaciones a costa del erario público, o transformar el sistema de reparto en otro de capitalización, puede servir para administrar mejor la escasez. Pero no soluciona el mal de fondo. Porque una sociedad con mayoría de ancianos, además de triste y decadente, sería un desastre para la economía. No hay vuelta de hoja.

Retraso de la edad de jubilación
Retrasar la edad para jubilarse con una pensión pública parece lógico (siempre que no sea obligatoria la jubilación a esa edad), porque cada vez vivimos más y estamos en mejor forma a edades avanzadas. Y viene muy bien para el equilibrio financiero del sistema público de pensiones. Pero no para la competitividad de nuestras empresas, porque los trabajadores provectos son mucho más caros.
Cuando en las empresas no hay pirámide de edades –como pasa cada vez más– su plus de experiencia no compensa su mayor coste, su menor vigor personal, y la menor motivación de quienes por edad ya no tienen por delante grandes metas en su carrera profesional, salvo que estén en puestos de alta responsabilidad, que son los menos. Por eso, las empresas en reestructuración quieren desprenderse, con preferencia, de los más mayores.
Que el sistema de pensiones sea de reparto –los pensionistas cobran de lo que cotizan los trabajadores en activo–, como el actual, es bastante justo en términos intergeneracionales. Si una generación se sacrifica alumbrando y criando a muchos hijos, y les lega un país y un tejido empresarial pujante, lo que permite que su productividad sea superior a la de sus mayores, es natural que una parte de la renta que producen sus descendientes la perciba esa generación, ya jubilada, en forma de pensiones.
Y si otra generación opta mayoritariamente por ahorrarse los esfuerzos, noches de insomnio y dineros que cuesta tener hijos y criarlos, es justo que, cuando envejezca y le llegue la hora de cobrar pensión de jubilación, ésta sea escasita por falta de cotizantes.
Pero el sistema actual entraña una clamorosa injusticia intrageneracional, porque con él cobran la misma pensión, ceteris paribus, quienes tuvieron muchos hijos y quienes no los tuvieron, pese a que los fecundos contribuyeron mucho más a la sostenibilidad de la economía y las pensiones, y pudieron ahorrar bastante menos para la vejez, por haberse gastado un dineral criando a sus retoños.

Sistema de capitalización
En contraste, el sistema de pensiones de capitalización es simple y claro: cada uno ahorra a lo largo de su vida productiva, y del capital que acumula sale su pensión al jubilarse. Quien se esfuerza trabajando y ahorra, tendrá para su vejez. Además, fomentar el ahorro es bueno para España, cuya economía es deficitaria de ahorro autóctono. Y, muy importante, aleja las pensiones de los politicastros amantes de hacer electoralismo con ellas.
Pero siendo muy aconsejable convertir de forma progresiva el sistema de pensiones de reparto en uno de capitalización (con las actuales cuotas a la Seguridad Social reconvertidas en su mayor parte a aportaciones a planes personales de jubilación), sin más hijos en España, no basta. Porque en una sociedad con muchos viejos y pocos jóvenes y, por ende, con una economía estancada o menguante, el capital ahorrado valdrá mucho menos en poder adquisitivo que en un país cuya economía crece y su demografía está equilibrada.

La inmigración no es solución suficiente
Los inmigrantes son un paliativo de nuestra voluntaria infertilidad, pero son un remedio insuficiente y con efectos secundarios negativos si llegan en masa (más delincuencia, riesgo de fractura social…). Aunque los inmigrantes recién llegados tengan más hijos que los españoles nativos, una vez acostumbrados a nuestro modo de vida, tienden a equipararse en infecundidad a los autóctonos. Y cuando se jubilen, por ser trabajadores menos cualificados en promedio, drenarán recursos netos al sistema –las pensiones más bajas reciben una prima de solidaridad respecto de lo cotizado–, y muchos retornarán a su patria a vivir de su pensión española, que ni siquiera gastarán en España.
Así pues, aumentar nuestras tasas de fecundidad es un imperativo nacional. También de todo Occidente y otros países desarrollados. El problema es que poner el dedo en la llaga de nuestra infertilidad supone cuestionar muchas cosas del discurso moral dominante en esta sociedad comodona en exceso.
Es decir a los compatriotas en edad de procrear que no lo hacen por pereza y miedo a tener hijos, que están actuando como la cigarra de la fábula, y que eso les empobrecerá económica y afectivamente cuando sean más mayores, vivan en una sociedad de ancianos, y no tengan hijos y nietos que dulcifiquen los rigores de su vejez.
Es denunciar que trivializar y facilitar el homicidio de seres humanos en gestación (el aborto), inmoral como todo homicidio que no sea en legítima defensa propia, atenta contra el sistema de pensiones y nuestra prosperidad a largo plazo.
Es atreverse a decir que trabajar fuera de casa es un derecho que las mujeres, libérrimamente, pueden ejercer (o no). Pero no una obligación, ni algo que deba ser fomentado o dificultado por los poderes públicos. Porque el trabajo femenino fuera del hogar, si implica una bajada drástica de la natalidad, crea PIB ahora, pero lo destruye en el futuro por el envejecimiento de la población.
Es señalar que facilitar aún más la ruptura familiar, como hace la reciente ley de divorcio exprés, es lesivo para la natalidad, en promedio mayor en las familias tradicionales.
Es tener el coraje de decir que también atenta contra la familia y la natalidad el creciente sesgo antimasculino de nuestro entorno legal. Los varones españoles hemos sido pre-criminalizados en masa con ciertas leyes antimasculinas, pese a que los maltratadores domésticos son una ínfima minoría, y a que también hay hombres maltratados por sus mujeres. Y en caso de divorcio, se despluma sistemáticamente a los hombres, y se les priva de sus hijos al denegar la custodia compartida, habitual en EEUU, Francia o Suecia. Con todo ello, casarse y tener hijos es algo, objetivamente, cada vez más arriesgado para los varones españoles.
Y es incluso deplorar que este Gobierno, tal vez el más estéril de nuestra historia (cuatro de sus nueve mujeres y tres de sus nueve varones no tienen hijos), haya propuesto suprimir el libro de familia y sustituirlo por un código personal de ciudadanía, al parecer ligado a ese adefesio semántico-antropológico de progenitor A y progenitor B. En lo simbólico, también esto atenta contra el sistema de pensiones. A menos familia convencional (matrimonio con padre y madre), menos hijos y menos pensiones. Cuando en España casi sólo había familias de las de siempre, había natalidad. Ahora que cerca del 28% de los bebés nacen fuera del matrimonio, hay la poquita que hay.

Pensiones y número de hijos
Acabamos este artículo con una propuesta para incentivar la natalidad y mejorar la equidad intrageneracional en materia de pensiones: que éstas incorporen un factor de corrección relevante al alza o a la baja en función del número de hijos del jubilado (coeficiente corrector atenuado en el caso del sistema de capitalización, pero no nulo si éste estuviera primado con deducciones fiscales, por la misma razón de equidad social).
Sería de justicia respecto de lo que cada uno aportó y gastó en criar los españoles que producirán riqueza en el futuro, una parte de la cual disfrutarán los pensionistas. Y premiaría la natalidad sin costarle un euro al contribuyente.
 

 
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